En Teotitlán del Valle, dentro de una familia de tejedores, nació Pantaleón Ruiz Martínez. Aprendió de sus familiares el arte de tejer y lo desarrolló con diseños propios, pero no se conformó con ese logro. Adolescente, fue a residir a los Estados Unidos, siguiendo la costumbre de sus coterráneos y los apremios del medio teotiteco, cuya calidad sagrada no impide que el nivel de vida de sus habitantes decline año con año. Por ello, desde la década de 1940, los nativos de Teotitlán emigran a Estados Unidos. En la nación vecina donde muchos mexicanos padecen, Pantaleón Ruiz afrontó las peripecias del migrante con buena fortuna y descubrió una vocación pictórica. Al retornar a Oaxaca había confrontado ya las exigencias del arte y tenía entre sus habilidades el conocimiento de varias técnicas de pintura y escultura en cerámica. El joven maestro tejedor entró al siglo XXI y a la práctica del arte con una visión infrecuente en el medio. Sus lienzos proyectaban no sólo el sosiego del pueblo sagrado, sino también una inquietud por explorar territorios de la forma que había observado en el extranjero. Por ese motivo, Pantaleón Ruiz pinta con una doble conciencia, que multiplica sus posibilidades expresivas: la conciencia de sus orígenes, de su ancestral cultura zapoteca, y la conciencia de inscribirse dentro de una tradición aún más antigua y vasta: la de las civilizaciones humanas. Sus cuadros y esculturas, por lo tanto, hablan de esa historia personal construida en dos sociedades diferentes, en dos ámbitos que son parte de una trama mayor. En ese entretejerse de experiencias, visiones y hallazgos formales, la expresividad del artista moldea muy diversas composiciones que por el momento lo mantienen alejado de un “estilo”. Pantaleón Ruiz transita con familiaridad del abstraccionismo al figurativismo, sin plantarse en un solo tema o en una sola manera de componer. Este rasgo, que en otros lugares podría ser signo de irresolución, en Oaxaca exige una voluntad notable. Si hay un constreñimiento que limita los alcances de los artistas, ese es el del “estilo” (entendido como el conjunto de formas y técnicas que hacen fácilmente reconocible a un creador de imágenes, y por ende, fomentan la comercialización de sus obras). Pantaleón Ruiz evade vestirse con el cómodo atavío del “estilo” y explora en todos sus recursos textiles, pictóricos y escultóricos, a la vez que se interna por otros lenguajes: la literatura, el diseño gráfico. Si algún motivo conductor aparece en sus obras, ese es el de la transición. Su arte refleja su experiencia vital. Asimismo, sus técnicas incorporan materiales de heterogénea procedencia: hace confluir los pigmentos convencionales con los de la grana cochinilla y otros tintes frecuentados por los tejedores; pinta sobre exóticos papeles de Nepal con tanta delicadeza como sobre el popular amate; mezcla óleos con tintas y encausto, o con resinas sintéticas, para explorar texturas. Su forma de permanecer es la transición.

Jorge Pech Casanova